Naishtat lleva «Glaxo» al Festival de San Sebastián con Lali Espósito
La adaptación de la novela de Hernán Ronsino retrata la descomposición moral en un pueblo argentino bajo la sombra de la dictadura, con Esteban Bigliardi, Marcelo Subiotto y Lali Espósito en un registro dramático inédito.
La película «Glaxo», dirigida por Benjamín Naishtat, ha presentado su candidatura en la Sección Oficial del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Basada en la celebrada novela homónima de Hernán Ronsino, la cinta no es un relato político al uso ni una crónica directa sobre la dictadura argentina, sino una inmersión en la intimidad de lo político: una historia sobre el rencor reprimido, la deslealtad y cómo las vilezas germinan entre amigos de toda la vida, canalizando el estado moral de todo un país.
La trama traslada al espectador a Chivilcoy, un pueblo de la provincia de Buenos Aires asfixiado por el hollín y la presencia invasiva de la planta de la farmacéutica Glaxo, que da título a la historia. A lo largo de casi cuatro décadas, la narración sigue las vidas cruzadas de varios personajes para reconstruir un mapa de lealtades rotas, pasiones, amores prohibidos, delaciones y cobardías que terminan por encajar, de forma inexorable, con la maquinaria de la represión dictatorial. Lo que en el libro de Ronsino se edificaba mediante cuatro voces que avanzaban y retrocedían en el tiempo, en el cine adquiere una pátina donde el paisaje y la atmósfera dicen tanto o más que las palabras.
Naishtat, que ya demostró en «Rojo» su maestría para escudriñar la descomposición ética de la clase media en la antesala del horror, toma algunos datos de «Operación Masacre», de Rodolfo Walsh, y adapta el universo narrativo de Ronsino manteniendo su esencia: una tragedia colectiva contada desde las sombras del terreno cotidiano. El director demuestra su capacidad para sostener una amenaza constante sin necesidad de subir la voz, generando un universo con aroma a cine negro y clásico.
El reparto brinda una lección de contención dramática. Esteban Bigliardi y Marcelo Subiotto componen sus personajes con miradas pesadas, silencios incómodos y la carga de la culpa y la resignación. Por su parte, Lali Espósito adentra su registro en un terreno alejado de su perfil pop habitual: una indiscutible «femme fatale» que ofrece un papel contenido y lleno de matices oscuros, componiendo un personaje luminoso pero herido que encarna el deseo de libertad y la tragedia. La Negra Miranda, su personaje, tiene una energía propia y una idea particular de la libertad.
El jovencísimo Joaquín Bonadeo aporta la tensión exacta que requiere el grupo con un debut cinematográfico fuera de serie. Interpreta a un chaval constantemente intimidado ante una mujer, reservado, observador, vulnerable y, en ocasiones, resentido. Bonadeo encarna a un personaje de una época completamente ajena a su contemporaneidad, lo que evidencia aún más la existencia de un talento emergente.
En el apartado visual, «Glaxo» huye del artificio. Con una paleta de tonos cálidos, secos y la luz sucia del atardecer en la pampa, la cámara capta la pesadez de las horas muertas en el campo y los rincones oscuros del pueblo: la violencia se intuye antes de verse. El guion maneja los descompasados tiempos narrativos de la historia original sin perder el hilo. En un momento en el que hacer cine de época resulta caro, el diseño de producción acierta en la recreación escénica de los distintos periodos que aborda, con la dificultad añadida de incluir varias etapas.
El punto débil de la cinta es cómo la exploración de ciertos personajes secundarios se sacrifica para mantener el engranaje del relato coral. Un aspecto que no resulta especialmente dañino en el conjunto de la historia. El estreno de la película de Benjamín Naishtat está previsto para el último trimestre de 2026. Una cinta que explora cómo la complicidad y el miedo terminan por carcomer a toda una comunidad.
