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Panthalassa plantea centros de datos flotantes impulsados por energía de las olas

La startup estadounidense Panthalassa desarrolla centros de datos mar adentro que obtienen electricidad del movimiento de las olas y usan agua de mar para refrigerar equipos, con el objetivo de reducir el impacto ambiental y el rechazo vecinal de la infraestructura de inteligencia artificial.

Panthalassa plantea centros de datos flotantes impulsados por energía de las olas
Centros de datos flotantes: energía de las olas del mar para alimentar a la inteligencia artificial

La startup estadounidense Panthalassa quiere llevar los centros de datos que sostienen la inteligencia artificial al mar. Su propuesta consiste en instalar estas infraestructuras mar adentro, donde puedan obtener electricidad renovable directamente del movimiento de las olas y utilizar el agua del océano para refrigerar los equipos, evitando así el elevado consumo energético e hídrico que genera la computación en tierra firme.

La compañía sostiene que las olas no son otra cosa que «luz solar concentrada». La radiación solar calienta de forma desigual la superficie terrestre, lo que provoca diferencias de temperatura y presión en la atmósfera, pone el aire en movimiento y genera el viento que, al soplar sobre el océano, transfiere su energía al agua y forma las olas. Según Panthalassa, cuando esa energía llega al oleaje se ha convertido en un recurso con una densidad energética enorme, capaz de mover grandes masas de agua en alta mar.

Para probar el concepto, la empresa construyó el Ocean-2, una estructura flotante de unos 65 metros de longitud y 20 metros de diámetro cuya silueta recuerda a la de un chupete gigante. Cuando el prototipo se enfrenta a las olas, sube y baja, y ese movimiento desplaza el agua que contiene en su interior. El agua circula por un tubo abierto por la parte inferior; cada movimiento la empuja y, al llegar a una zona más estrecha del conducto, aumenta su presión y forma un potente chorro, de manera similar a como se comporta una manguera al reducir su salida. Ese chorro entra en un depósito que mantiene el agua a presión y desde allí se libera de forma controlada a través de una turbina, que pone en movimiento un generador y transforma la energía mecánica en electricidad.

El desarrollo fue probado con éxito en el océano Pacífico, donde permaneció durante tres semanas sometido a diferentes estados del oleaje. La estructura logró mantenerse operativa y alcanzar picos de hasta 50 kilovatios de potencia eléctrica a partir del movimiento de las olas. Esos 50 kW mantenidos de forma continua durante un año equivaldrían al consumo eléctrico anual de más de un centenar de hogares españoles.

Si todo avanza según las previsiones de la compañía, los primeros centros de datos flotantes podrían entrar en funcionamiento en 2027. Panthalassa proyecta que, a escala comercial, estas instalaciones podrían ofrecer costes entre un 40% y un 60% menores que las alternativas terrestres. El planteamiento pasa por llevar los centros de datos mar adentro y aprovechar allí mismo la electricidad obtenida mediante sus sistemas de energía undimotriz, sin necesidad de transportarla hasta tierra mediante cables. El océano proporcionaría además el agua necesaria para refrigerar los equipos informáticos.

El proyecto no se limita a la inteligencia artificial. La empresa también pretende utilizar estos nodos eléctricos flotantes para producir combustibles libres de carbono, como hidrógeno verde o amoníaco, a partir de agua de mar desalinizada y mediante electrolizadores que separen el hidrógeno del oxígeno.

Estas posibilidades han despertado el interés de inversores y empresas del sector tecnológico. La compañía cerró recientemente una ronda de financiación de 140 millones de dólares para avanzar en el desarrollo de su tecnología. Sin embargo, el respaldo financiero no despeja todas las incógnitas. Panthalassa no ha hecho público cuánto costó construir el Ocean-2 ni cuánto costará el Ocean-3, el próximo prototipo, que ya será capaz de realizar operaciones de inteligencia artificial. Tampoco está claro hasta qué punto una tecnología diseñada para operar en un entorno tan exigente como el océano puede escalarse hasta cientos o incluso miles de unidades.

Según Brian Moffat, cofundador de la compañía, «no sólo podemos escalarlo casi instantáneamente, sino que el coste será muchísimo menor. Tendremos la energía eléctrica más barata de la tierra». El otro cofundador, Garth Sheldon-Coulson, asegura que el objetivo es «alcanzar los teravatios. En este momento, el suministro mundial de electricidad ronda los 3,5 teravatios. Creemos que podemos alcanzar una parte significativa de esa cantidad». Si la empresa cumple sus promesas, el proyecto podría convertirse en uno de los avances energéticos más relevantes de los últimos años.

Jana Hartmann

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Culture Reporter

Jana Hartmann covers public affairs, politics, business, culture and daily news for Hochland. The role focuses on verification, context, and clear explanations for readers.