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ADN de chinches revela que la especie habría desaparecido sin los humanos

Un estudio genético publicado en Biology Letters muestra que el chinche de cama común sobrevivió gracias a su vínculo con los primeros asentamientos humanos, convirtiéndose en la primera plaga urbana de insectos.

ADN de chinches revela que la especie habría desaparecido sin los humanos
Parece raro pero la ciencia lo avala: el ADN de los chinches demuestra que estarían desapareciendo desde hace 5.000 años si no fuera por los humanos

Un análisis genético del chinche de cama común (Cimex lectularius) revela que esta especie habría seguido un camino hacia la extinción hace miles de años si no hubiera encontrado refugio en los primeros asentamientos humanos. La investigación, publicada en la revista Biology Letters y liderada por Warren Booth de la Universidad Politécnica de Virginia (Virginia Tech), reconstruyó la historia demográfica del insecto a partir de sus genomas completos y concluyó que su supervivencia está ligada de forma inseparable al desarrollo de las ciudades.

El estudio identificó dos linajes genéticos del chinche que se separaron hace aproximadamente 245.000 años y que desde entonces no intercambian genes. Uno de ellos está asociado a los murciélagos y el otro a los humanos. Ambos sufrieron caídas poblacionales durante las glaciaciones, incluido el último máximo glacial, ocurrido entre hace 50.000 y 20.000 años. Sin embargo, mientras el linaje vinculado a los humanos frenó su declive justo cuando surgieron los primeros núcleos urbanos, el linaje asociado a los murciélagos continúa en retroceso debido a la pérdida de su hábitat natural.

El salto del murciélago al ser humano ocurrió hace unos 245.000 años, cuando el insecto encontró un nuevo huésped en los antepasados de nuestra especie. Desde entonces, las dos ramas evolucionaron por separado. La rama ancestral, ligada a los murciélagos, se distribuye actualmente por Europa y Oriente Medio, mientras que la rama humana alcanzó una presencia global. Según los cálculos del equipo, la población actual del linaje humano ronda los 3,9 millones de ejemplares, muy por encima de la de sus parientes. Para reconstruir esta historia, los investigadores secuenciaron el genoma de 19 chinches recogidos en la República Checa.

La población del linaje humano comenzó a crecer hace unos 13.000 años y experimentó un aumento drástico hace unos 7.000, en paralelo al nacimiento de las grandes civilizaciones. Las primeras urbes concentraron a miles de personas y ofrecieron al chinche un refugio estable y cálido durante todo el año. La ciudad documentada más antigua es Çatalhöyük, en la actual Turquía, habitada hace unos 9.400 años por entre 800 y 8.000 personas. El crecimiento del insecto coincide también con el auge de culturas como la de Cucuteni-Trypillia, hace unos 7.000 años, y la de Mesopotamia, hace unos 5.000. Los registros más antiguos de una infestación de chinches proceden del Egipto de los faraones, hace unos 3.375 años, aunque el ADN demuestra que la relación entre el insecto y las personas es mucho más antigua.

Para los autores del estudio, esta coincidencia temporal convierte al chinche de cama en la primera verdadera plaga urbana de insectos, una especie que depende por completo de los seres humanos. Otras plagas domésticas llegaron mucho después, como la cucaracha alemana, que convive con las personas desde hace apenas 2.100 años. La comparación se extiende a otros animales comensales: la rata negra estableció su relación con los humanos hace unos 5.000 años y el ratón doméstico hace unos 15.000, aunque este último no depende estrictamente de las personas para sobrevivir.

El linaje humano del chinche también cambió físicamente. Es más pequeño, menos velloso y de extremidades más largas que el asociado a los murciélagos. Además, ha desarrollado mutaciones ligadas a la resistencia a los insecticidas, un rasgo que explica en parte su éxito reciente. Desde finales de los años noventa, los chinches viven un resurgimiento global asociado al aumento de los viajes y a esa resistencia química. Cuando se introdujo el DDT, la especie tardó apenas cinco años en volverse resistente al pesticida.

Konstantin Schuster

Author

Science Correspondent

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