La ciencia confirma que hablar a las plantas beneficia su cuidado y la salud humana
Investigadores de las universidades de Sevilla y Huelva explican que conversar con las plantas no influye directamente en su crecimiento, pero sí favorece una observación más atenta por parte de sus cuidadores. Además, estudios científicos vinculan la jardinería con la reducción del estrés y la mejora del estado de ánimo.
Hablar a las plantas es una costumbre extendida entre quienes buscan que sus macetas y jardines crezcan sanos y vigorosos. Aunque las plantas no comprenden las palabras ni tienen sentimientos, la ciencia sugiere que esta práctica sí puede tener efectos reales, tanto en el cuidado vegetal como en el bienestar de las personas que la realizan.
Marcial Escudero, catedrático del Departamento de Biología Vegetal y Ecología de la Universidad de Sevilla, y Katty M. Cavero, estudiante de doctorado en Ciencias de la Salud de la Universidad de Huelva, explicaron en un artículo de divulgación que el beneficio principal no proviene del sonido de las palabras, sino del llamado sesgo de la atención. Según los investigadores, el perfil de quien se detiene a conversar con sus plantas es el de alguien que las observa con mayor detenimiento y es más consciente de sus necesidades. Esta atención adicional puede traducirse en un mejor cuidado y, por tanto, en un crecimiento más saludable de las plantas.
Los expertos también destacan un beneficio inesperado para los cuidadores humanos. De acuerdo con la hipótesis de la biofilia, las personas tienden de manera instintiva a conectar con la naturaleza y con otras formas de vida. Hablar a las plantas sería una expresión moderna de esta necesidad intrínseca de vincularse con el entorno natural, lo que ayuda a satisfacer necesidades psicológicas básicas.
Más allá de esta explicación, diversas investigaciones respaldan los efectos positivos del contacto con la naturaleza. Una revisión sistemática de estudios publicada en Complementary Therapies in Medicine demostró que la exposición a entornos naturales puede disminuir el estrés. Los autores señalaron que existe una relación inversa entre la exposición a la naturaleza y el estrés, tanto percibido como fisiológico, en once de los doce estudios analizados. Además, advirtieron de que la exclusión de los entornos naturales podría ser perjudicial para la salud pública, dado que el estrés tiene amplias implicaciones en diversas enfermedades.
Un estudio publicado en Journal of Health Psychology analizó si la jardinería podía favorecer la recuperación después de una situación de estrés agudo. Los investigadores realizaron un experimento con treinta personas que disponían de parcelas de cultivo. Todos los participantes completaron primero una tarea diseñada para provocar estrés y luego fueron asignados aleatoriamente a dos grupos: catorce realizaron durante treinta minutos tareas ligeras de jardinería al aire libre, mientras que dieciséis permanecieron ese mismo tiempo leyendo en el interior de su vivienda.
Las actividades de jardinería incluían podar plantas y arbustos, eliminar malas hierbas, retirar flores marchitas, sembrar y plantar. Durante el experimento se midieron repetidamente los niveles de cortisol en saliva y el estado de ánimo. Los resultados mostraron que el cortisol, hormona asociada a la respuesta del organismo ante el estrés, descendió en ambos grupos, aunque la reducción fue significativamente mayor entre quienes realizaron labores de jardinería. En ese grupo, los niveles de cortisol regresaron a los valores iniciales después de los treinta minutos, algo que no ocurrió en el grupo de lectura.
También se registraron cambios en el estado de ánimo positivo: aumentó un 9,2% en el grupo de jardinería, mientras que disminuyó un 4,3% en el de lectura. Los autores concluyeron que esta investigación aportaba la primera evidencia experimental de que la jardinería puede aliviar el estrés agudo. No obstante, señalaron que el diseño de la prueba no permitía determinar cuánto del efecto correspondía al contacto con la naturaleza y cuánto a la actividad física propia de la jardinería.
