«Mujeres de ingenio»: una exposición rescata a las escritoras del Siglo de Oro
La Casa Museo Lope de Vega de Madrid acoge hasta el 13 de septiembre la muestra «Mujeres de ingenio. Plumas de oro en el Siglo de las Letras», que reivindica la obra de escritoras, dramaturgas, religiosas y actrices de los siglos XVI y XVII, muchas de ellas invisibilizadas durante siglos.
La Casa Museo Lope de Vega de Madrid acoge hasta el 13 de septiembre la exposición «Mujeres de ingenio. Plumas de oro en el Siglo de las Letras», un recorrido que reivindica la figura de las escritoras, dramaturgas, religiosas, actrices y mujeres vinculadas a las cortes de los siglos XVI y XVII. La muestra, comisariada por Esther Borrego Gutiérrez, catedrática de Literatura Española de la Universidad Complutense de Madrid, busca sacar del ámbito académico una labor de rescate que lleva décadas desarrollándose y acercarla al público general.
Borrego, que estudió Literatura en los años ochenta, recuerda que entonces solo se hablaba de una mujer vinculada al Siglo de Oro: Teresa de Jesús. «Se la trataba como si fuera un hombre, sin ningún tipo de contexto de su vida ni de su condición de mujer, que era realmente lo que determinaba su obra», explica. La investigadora entiende su labor como «un deber de justicia» para reivindicar la obra de mujeres intelectuales, muchas de las cuales alcanzaron un enorme éxito en su época pero cuyos trabajos han permanecido invisibles durante siglos.
El título de la exposición recupera el significado original del término «ingenio», que en aquella época no solo designaba la inteligencia, sino también «una capacidad para salir adelante, para resolver situaciones», según la comisaria. Por eso el recorrido no se limita a las escritoras, sino que incorpora también actrices, directoras de compañías y promotoras de cultura. La muestra se articula en tres espacios que condicionaron las posibilidades de aquellas mujeres: la corte, la casa y el claustro.
Retratos, primeras ediciones, cartas, manuscritos y objetos prestados por la Biblioteca Nacional, el Museo del Prado, el Lázaro Galdiano, Patrimonio Nacional y diferentes monasterios componen un trabajo que sorprende por el detalle de cada pieza seleccionada. Apenas unas decenas de obras escritas por mujeres llegaron a imprimirse en su propia época; una gran parte quedó manuscrita, conservada en conventos y, como apunta Borrego, en «los lugares más insólitos».
La investigación se apoya en BIESES, la Bibliografía de Escritoras Españolas, creada en 2004 y dirigida por Nieves Baranda Leturio y María Martos Pérez, que ha reunido más de 11.000 referencias primarias y secundarias sobre escritoras españolas desde la Edad Media hasta 1800. Lo que Borrego echaba en falta era el salto fuera de la universidad. «Esa reivindicación académica a veces cuesta mucho que pase al público medio. Por eso he querido hacer una exposición muy divulgativa, que llegue al ciudadano de a pie», señala. El proyecto cuenta además con un catálogo de más de 200 páginas.
El recorrido comienza en la corte y los entornos nobiliarios, donde era más sencillo acceder a una educación. Isabel la Católica se rodeó de mujeres cultas como Beatriz Galindo, Lucía de Medrano o Francisca de Nebrija, además de promover la imprenta y la lectura. La muestra también destaca a Isabel de Valois, Margarita de Austria, Mariana de Austria e Isabel Clara Eugenia, que participaron en la promoción de la literatura y el teatro, con los conventos convertidos en centros culturales.
Entre las figuras más sorprendentes se encuentra Luisa Sigea, humanista toledana que pasó buena parte de su vida en Portugal y escribía en latín. En su obra «Duarum virginum colloquium», de 1552, defendía que la educación femenina incluyese materias como el latín y la filosofía, que el intelecto no era patrimonio masculino y que una mujer podía estar preparada para gobernar. «Llegado el momento, puede gobernar igual que un hombre», escribió.
También resulta destacable Oliva Sabuco, autora de «Nueva filosofía de la naturaleza del hombre», publicada en 1587 y dedicada a Felipe II. La obra trataba la peste y defendía el ejercicio y una alimentación saludable, planteamientos que Borrego aproxima, salvando las distancias, a lo que hoy llamaríamos «psicología positiva». Su autoría sigue siendo objeto de discusión desde que a comienzos del siglo XX apareció el testamento de su padre atribuyéndose la obra, aunque la investigadora recuerda que Lope de Vega la llamó «Musa Décima».
